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”Chic et charme”: ¿dónde está la Audrey Hepburn contemporánea de cada uno?

Reconozco mi debilidad por las mujeres de este período y si hay algo de esta época que me pierde más que Julie London y su Sway, es Audrey Hepburn cantando Moon River en Breakfast at Tiffany`s, donde la palabra "charme", incluso, hasta le queda chica.

Creo que como adjetivo superlativo, le podríamos otorgar perfectamente un chic et charme, que en el glosario de modismos y jergas "charrúas", sería un "recontra charme".

Para entender bien a qué me refiero cuando hablo de charme, necesariamente debemos de refugiarnos en el Séptimo Arte, para poder rescatar figuras del ayer bien representativas que conozcamos, ya que al día de hoy, “si te he visto, por desgracia, no me acuerdo”.

Deborah Kerr, Olivia de Havilland, Yvonne de Carlo, Ava Gardner, Rita Hayworth y un sinfín de ejemplos más, son indiscutibles mitos de los `40s y `50s, siendo reflejo absoluto del charme de las mujeres de esa época, con sus paradigmas de belleza, feminidad, fineza, modales, glamour, elegancia, estilo, sensualidad, movimiento y gran actitud.

Eso lamentablemente, fue hace 60 años y hoy la palabra charme, está entrando en desuso porque es como que, en términos generales, existiera una “ausentismo presencial”, para ponerle el award ribbon en la frente a alguna mujer. En pocas palabras: el podio, desde mi punto de vista crítico, está prácticamente vacío.

¿Dónde está la Audrey Hepburn contemporánea de cada uno?
Como todo tiene una causa y un efecto, esta ausencia también responde a algo. Lamentablemente la demanda siempre condiciona a la oferta y aquí hay que responsabilizar al género masculino, por la falta de candidatas para la cocarda.

Los “hombres impermeables” o “cefalópodos emocionales”, como yo los llamo, son aquellos que se sacaron cero en inteligencia emocional y mil en inteligencia futbolística y son incapaces de reconocer, valorar, apreciar, alentar y recompensar, las virtudes de las mujeres que tienen a sus respectivos lados y sin saberlo (o peor aún, sabiéndolo), están atentando en contra de sus propios intereses, llevando a la pareja a tener una fecha de caducidad ineludible o a condenarla a vivir en una ficción emocional.

Esta gran parte proporcional de hombres, auto-considerados “modernos” dentro de su estirpe, incluso son incapaces de expresar sentimientos propios, alejándose así de sus propias necesidades y generando que a modo de acto reflejo, algunas mujeres sucumban en la dejadez, dejando de alimentar el desarrollo de la pareja, que sería algo totalmente normal y predecible, y dejando de potenciar sus más intrínsecas cualidades femeninas, que sería lo más trágico, ya que mueren como mujeres y condenan así su propio charme, a diluirse en recuerdos.

Lo más paradójico para estos hombres, es que muchas veces, teniendo el potencial esperándolos en casa, desarrollan un falso charme en sus amantes, producto de su propia ignorancia, ya que con el charme "se nace y no se hace".

Julio Sosa cantaba en el tema "La casita de mis viejos": “Las mujeres siempre son las que matan la ilusión” y aunque me encante el tango, Sosa, te tengo que decir: “¡Cómo la pifiaste, varón!”... en este caso, me quedo con Goyeneche, que en "Cafetín de Buenos Aires", pregonaba: “La fe en mi sueño y una esperanza de amor”.

Como siempre hay excepciones a la regla, unos cuantos seguimos apostando por ser el sommelier exclusivo de la persona que tenemos a nuestro lado, e indudablemente, reconoceríamos su bouquet hasta con los ojos cerrados.


Marcelo Perrone
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